Prueba Alfa Romeo 4C,  superdeportivo light
17/12/2015 Pruebas de Manejo

Prueba Alfa Romeo 4C, superdeportivo light

Directo, impráctico y exótico, un superdeportivo en serio.

El Alfa Romeo 4C debutó a manera de concept en el Salón de Ginebra de 2011 y la recepción fue tan positiva, que dos años más tarde en el mismo Salón se presentó la versión de producción del modelo.

Con un diseño increíblemente bello, motor turbo en posición central trasversal, utilización de materiales exóticos como aluminio o fibra de carbono y un interior minimalista, no queda duda de que en el papel, el Alfa Romeo 4C es un superdeportivo en toda la extensión de la palabra.

 

Características técnicas y mecánicas

El motor del Alfa Romeo 4C es un cuatro cilindros de 1.750 cc con turbo e intercooler que entrega 237 CV a 6,000 rpm y 349 Nm entre 2.000 y 4.250 vueltas. Este poder es gestionado por una transmisión de doble embrague y siete velocidades que envía la potencia al eje posterior.

Si bien 237 caballos podrían sonar a poco, el Alfa Romeo 4C se vale de un chasis que en la parte central (es decir la zona del habitáculo) está fabricada en fibra de carbono, mientras que tanto el frente como el espacio donde se aloja el motor y la parte trasera, son de aluminio. Esto significa que frena la báscula en la frontera de los mil kilos, 1.050 para ser exactos, con lo cual ofrece una relación peso potencia de 4.4 kilos por caballo.

Las dimensiones, salvo el ancho que es de 2 metros son bastante contenidas, el Alfa 4C mide 4 metros de largo y apenas 1.18 metros de alto.

La dirección carece de asistencia, por lo que la comunicación entre camino, suspensión y volante es completamente fidedigna. Por su parte, la geometría de las suspensiones es de triángulos superpuestos lo que garantiza un comportamiento impecable, mientras que el sistema de frenos -firmado por Brembo- es una garantía de poder perder velocidad con la misma intensidad con la que es capaz de acelerar.

 

Interior

El habitáculo del Alfa Romeo 4C es verdaderamente espartano, no ofrece nada más allá de lo necesario.

Algunos plásticos incluso podrían ser mejores, sobre todo los mandos del aire acondicionado y los que se encuentran en la columna de la dirección. Lo que sí hay que reconocer es que los asientos deportivos son espectaculares, aunque no muy cómodos. Asimismo, el estribo que deja ver la fibra de carbono del chasis le confiere una atmósfera sumamente exótica a la cabina.

Se destaca la pantalla central a color en donde se despliega toda la información necesaria, desde la velocidad, rpm, nivel del tanque de combustible o programa de manejo seleccionado, etc. Un punto extraño es la radio que luce completamente aftermarket, un detalle que demerita bastante la apariencia del interior del 4C. Siendo un vehículo ciento por ciento orientado al manejo y las sensaciones lo mejor incluso hubiera sido que no ofreciera radio.

 

Comportamiento dinámico

Tras el volante, el Alfa Romeo 4C demuestra que su potencia es más que suficiente para ofrecer un desempeño muy serio, el 0 a 100 km/h se consigue en apenas 4.1 segundos y en términos de aceleraciones y recuperaciones ofrece un desempeño ad hoc con su atractivo diseño; sin embargo, eso no es lo verdaderamente importante.

Aquí lo interesante es lo ágil, directo, neutral y divertido que es el Alfa 4C, es como un karting gigante que transmite todo con tal intensidad como si se tratara de un nervio expuesto. La dirección es precisa, rápida y nos deja saber absolutamente todo lo que sucede entre la comunicación del auto y el camino. La realidad es que hacía mucho tiempo que no probábamos un auto sin asistencia en la dirección y aunque ciertamente a bajas velocidades o en zonas de muchas curvas demanda algo más de esfuerzo por parte del conductor, resulta sumamente gratificante. Por su parte, el sonido es bastante más grave y agradable de lo que cabría esperar en un 4 cilindros turbo, lo que mezclado con esas explosiones típicas de la fusión del funcionamiento entre la válvula de alivio del turbo y el cambio de la caja generan un sonido adictivo.

Los caminos sinuosos y llenos de curvas son el hábitat natural del 4C, aquí se olvida por completo toda la impracticidad para subir o bajar, lo poco refinado que es con pavimentos en mal estado o la escaza capacidad de carga. Nuevamente, lo que más sorprende es lo noble y predecible que resulta, es mucho más directo y comunicativo que un Cayman, con todo lo bueno y lo malo que ello implica. Quizá tendríamos que ir a un GT4 para tener algo similar (en términos de comunicación).

El control DNA que ya conocíamos en el Giulietta está presente con las ya conocidas posiciones de funcionamiento D (Dynamic) en el que permite un manejo más deportivo, con cambios hasta un 25% más rápidos y la posibilidad de que el ESP entre en acción luego de permitir un poco de derrape.

En el modo N (Natural) el 4C se puede manejar cómodamente, los cambios se efectúan a bajo régimen y el diferencial trabaja de manera suave y solo se activa en caso de que alguna de las ruedas traseras pierda adherencia. Si estamos en modo manual, al llegar al límite de revoluciones el cambio ascendente entra en automático, lo mismo hacia abajo si permitimos que el régimen baje de las 1.000 vueltas.

La A quiere decir All Weather, se debe activar cuando tenemos condiciones climáticas adversas o una superficie muy resbaladiza. Aquí la electrónica es bastante intrusiva con la intención de evitar cualquier percance.

Lo más interesante es que el 4C incorpora un cuarto modo de manejo denominado Alfa Race, que se activa manteniendo presionado en la posición Dynamic por unos segundos. Este programa está concebido para el manejo en pista, aquí la electrónica prácticamente se desactiva por completo delegando todo el control al piloto y el diferencial activo Q2 permanece activo para maximizar la velocidad al salir de las curvas.

 

Conclusiones

El Alfa Romeo 4C es uno de los vehículos más atractivos que se han concebido en los últimos tiempos, es además una prueba fehaciente de que menos es más. Y es que al escuchar datos como un motor 1.75 litros de cuatro cilindros o una potencia de 237 CV, difícilmente nos podríamos imaginar que se trata de un superdeportivo exótico, sin embargo lo es y en toda la extensión de la palabra. Es impráctico, duro e incómodo, pero tremendamente efectivo al momento de sacar una sonrisa del piloto.

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